Escrito por nuestro compañero Francisco Suárez Martín (julio, 2010):
"Mi infancia fue feliz, también mi adolescencia; pero cuando me hice mayor caí en los oscuros brazos de la avaricia.
Me convertí en un tacaño. Mi Dios, mi único gozo, era el dinero.
Trabajaba la mayor parte del día y, acabada la jornada, cuando ya asomaban las primeras lágrimas de la noche, me sentaba a contar monedas, una tras otra, una tras otra… Me regocijaba contemplar mis ganancias, mi riqueza. Mis ojos lloraban de alegría, pero era una alegría oscura, seca, vacía.
Una mañana, contemplándome en el espejo, vi a un hombre viejo, de mirada sombría y gesto tenebroso. Y aquella visión aún me persigue como un fantasma.
Recuerdo, con tristeza, que dejé a un lado todo lo que realmente valía la pena: la familia, la bondad, la simpatía…
Me había convertido en un mísero avaro, mi vida solamente giraba en torno al dinero. Nunca hice nada por cambiar mi vida, nada; y tarde, muy tarde, me he arrepentido.
Y ahora, tengo en frente a alguien que me recuerda mucho a mí, alguien que me observa aterrado, tiritando de pavor, alguien que, con voz quebrada, me pregunta quién soy.
-Hola, Scrooge, ¿no me reconoces? Soy Marley, tu viejo amigo Marley…"
Me convertí en un tacaño. Mi Dios, mi único gozo, era el dinero.
Trabajaba la mayor parte del día y, acabada la jornada, cuando ya asomaban las primeras lágrimas de la noche, me sentaba a contar monedas, una tras otra, una tras otra… Me regocijaba contemplar mis ganancias, mi riqueza. Mis ojos lloraban de alegría, pero era una alegría oscura, seca, vacía.
Una mañana, contemplándome en el espejo, vi a un hombre viejo, de mirada sombría y gesto tenebroso. Y aquella visión aún me persigue como un fantasma.
Recuerdo, con tristeza, que dejé a un lado todo lo que realmente valía la pena: la familia, la bondad, la simpatía…
Me había convertido en un mísero avaro, mi vida solamente giraba en torno al dinero. Nunca hice nada por cambiar mi vida, nada; y tarde, muy tarde, me he arrepentido.
Y ahora, tengo en frente a alguien que me recuerda mucho a mí, alguien que me observa aterrado, tiritando de pavor, alguien que, con voz quebrada, me pregunta quién soy.
-Hola, Scrooge, ¿no me reconoces? Soy Marley, tu viejo amigo Marley…"
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